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Otavianni vs Lienart

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Cardenal Lienart:  Los Obispos participan de dicha infalibilidad, no al lado del Papa sino en union con él, por que él es parte del Colegio, el Concilio es infalible y esta formado por la unión de los Obispos con el Papa

Cardenal Ottaviani:  Él (Papa) recibe única e individualmente el mandato de Nuestro Señor para ser la base, los cimientos de la Iglesia y para ser el Pastor Universal.




Conciliarismo vs Papado
o lo que es lo mismo
(Conferencias Episcopales vs Papado) 


 

Veamos los cuatro canónes de la constitución dogmática Pastor aeternus del Concilio Vaticano I

“(…) Si alguien, pues, dijere que el apóstol San Pedro no fue establecido por Cristo nuestro Señor jefe de todos los apóstoles y cabeza visible de toda la Iglesia de la tierra; o que no recibió directa e inmediatamente de Cristo un primado de jurisdicción verdadera y propiamente dicha, sino sólo un "primado de honor", sea anatema.

(…) Si alguno, pues, dijere que no es por institución del mismo Cristo-Señor, es decir, por derecho divino, el que San Pedro haya de tener perpetuos sucesores en el primado sobre la Iglesia universal; o que el Romano Pontífice no es el sucesor de San Pedro en este primado, sea anatema.

(…) Así, pues, si alguno dijere que el Romano Pontífice tiene tan sólo un cargo de inspección o de dirección, pero no una potestad plena y suprema de jurisdicción sobre la universal Iglesia, no sólo en aquellas cosas que pertenecen a la fe y costumbres, sino también en lo tocante a la disciplina y al gobierno de la Iglesia extendida por todo el mundo; o dijere que tiene la parte principal, pero no la plenitud de esa potestad suprema; o que su potestad no es ordinaria e inmediata, tanto en todas y cada una de las iglesias como en todos y cada uno de los pastores y fieles, sea anatema.

(…) Y si alguno tuviera la osadía, lo que Dios no permita, de contradecir a esta nuestra definión [del dogma de la infalibilidad papal], sea anatema.” 





   Dios se valio del Cisma de Occidente (Pisa, Roma, Avignon) para que el Concilio de Constanza tratara sobre la doctrina del Conciliarismo (¿como resolver el problema de los 3 Papas?) con sus 5 famosos articulos.


la contradicción entre el “conciliarismo” de Constanza y la doctrina tradicional del Vaticano I sobre el primado papal es bastante obvia. Uno se pregunta si el “sentimiento antirromano” de la teología católica progresista llegará hasta el extremo de querer resucitar la vieja herejía conciliarista o si su tendencia anti-escolástica y anti-intelectualista llegará hasta el extremo irracional de aceptar sin chistar las más evidentes contradicciones.


 Algunos observadores han alertado sobre el surgimiento de una tendencia conciliarista dentro del ala más radical del sector mayoritario de los Padres del Concilio Vaticano II. La Nota Explicativa Previa que el Papa Pablo VI mandó incorporar a la constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium tuvo -entre otras- la virtud de reafirmar la doctrina católica sobre el primado del Papa, impidiendo toda interpretación conciliarista de las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre la colegialidad episcopal, uno de sus principales desarrollos doctrinales

¿La Iglesia Católica es la Iglesia de Dios, la Iglesia de Cristo?

Ciento cincuenta años, que encajan entre el fin del renacimiento carolingio y los principios de la reforma pregregoriana, son una sucesión tal de crímenes y de oprobios que constituyen un argumento apologético a favor del Pontificado romano, pues es impensable que institución alguna hubiera podido sobrevivir a tanta ignominia si no tuviera la asistencia Divina.

Cristo salvando de las aguas al primer Papa, San Pedro;
prefigura de que nunca le faltaria la asistencia Divina a la Iglesia de la cual es cabeza.


Magnicidios (Asesinato del Papa)


Juan VIII (872-882).

   Un pariente o miembro de su entorno más cercano le propinó veneno. Los Anales de Fulda aseguran que, al mostrarse lento el efecto del mismo, fue el Pontífice rematado a martillazos en la cabeza, poniéndose así fin a una vida tempestuosa, sea por los múltiples problemas que hubo de enfrentar (la invasión del sur de Italia por los sarracenos, las disputas de los últimos carolingios por la corona imperial, el cisma de Focio), sea por las costumbres controvertidas de Juan, tenido por afeminado, lo que daría origen a habladurías que contribuyeron a alimentar la historia ya mencionada de la papisa Juana


Formoso (891-896).

  Murió en medio de intensos dolores producidos muy probablemente por la acción del veneno que le fue administrado por instigación del partido espoletano, enemigo acérrimo del Papa, a quien no perdonaba el apoyo de éste a Arnolfo de Carintia en sus pretensiones al trono imperial. No contentos con la muerte de Formoso, Lamberto de Espoleto y su inescrupulosa madre Angeltrudis promovieron su inaudita humillación post mortem conocida como el «concilio cadaverico»


Esteban VI (896-897)

   Pagó con su vida el haberse prestado a los manejos de los espoletanos contra la memoria de Formoso y haber presidido el concilio cadavérico. A los pocos meses de este horrendo evento, el partido de los formosianos consiguió arrastrar al pueblo a una rebelión contra el indigno Pontífice, que fue depuesto, encerrado en prisión y, finalmente, estrangulado. No obstante, Sergio III, amigo de Esteban, erigiría a este un monumento fúnebre en San Pedro con un epitafio que revela un odio acérrimo a Formoso.


Leon V (903).
  
   Formosiano, fue víctima de la ambición de Cristóbal, del título presbiteral de san Dámaso, que le depuso a los dos meses de pontificado y le metió en la cárcel, nombrándose a si mismo Papa. Leon murió asesinado en prisión, aunque no se sabe si por orden de Cristóbal o de Sergio III, que había a su vez depuesto y encarcelado al antipapa, a quien mando matar.


Juan X (914-928).

   Era amigo íntimo de Teodora la Mayor, esposa del vestatario Teofilacto. Debió a esta familia su elección pero también el finalizar sus días de manera violenta. Habiendo disgustado a una de las hijas, la domna senatrix Marozia, al ofrecer la corona imperial a Hugo de Provenza, hermanastro y rival de Guido de Tuscia, segundo marido de la formidable fémina, ésta promovió la guerra contra el Papa. Juan había confiado la defensa de Roma a su hermano Pedro, al que había nombrado cónsul y que, con el apoyo de guerreros húngaros, se presentó a las puertas de Roma en orden de batalla. Replegadas las fuerzas del Pontífice en San Juan de Letrán, Pedro fue atrozmente asesinado ante los ojos de su hermano, y éste encarcelado en el castillo de Sant'Angelo por orden de Marozia. Allí murió sofocado por Guido de Tuscia con una almohada.

Esteban VIII (939-942). Impuesto por Alberico II, príncipe, senador y patricio de Roma e hijo de Marozia y de su primer marido Alberico I. Habiendo secundado pasivamente la política de su benefactor durante años, Esteban, cansado de permanecer relegado a un rol de dependencia y a la rutina de la administración, tomó parte en una conspiración contra el todopoderoso Alberico. Fracasada ésta, fue el Papa puesto en prisiones y horriblemente mutilado, muriendo a consecuencia de la gravedad de sus heridas.

Benedicto VI (973-974). Había sido elegido por la facción imperial y hubo de enfrentarse al resentimiento del pueblo romano y, en especial, a la hostilidad de los Crescencios, descendientes de Teofilacto por Teodora la Joven, hermana de Marozia. Mientras vivió el emperador germánico Otón I, su valedor, pudo imponerse a esta familia, pero al morir el emperador estalló la revuelta. Los Crescencios encerraron al Papa en la fortaleza de Sant'Angelo, nombrando en su lugar al diacono Francón, que tomó el nombre de Bonifacio VII quien se encargó personalmente -según cuentan algunas crónicas- de estrangular a su rival.


Juan XIV (983-984).

   Fue designado por Oton II como sucesor de Benedicto VII y se mantuvo en el solio mientras vivió el emperador. Muerto éste, el partido filobizantino llamó al antipapa Bonifacio VII, quien regresó desde su exilio de Constantinopla -adonde había huido con los tesoros de la Iglesia poco después de asesinar a Benedicto VI- y, con el apoyo de los Crescencios, destronó al Pontífice legítimo. Juan XIV fue encerrado en el castillo de Sant'Angelo en abril de 984 y murió envenenado el mes de agosto siguiente. Sin embargo, no quedaron impunes los crímenes del antipapa Bonifacio VII. Habiéndose indispuesto con los Crescencios, estos incitaron al pueblo contra Bonifacio VII, que murió linchado en medio de la revuelta. Su cadáver fue arrastrado por las calles de Roma y arrojado a los pies de la estatua ecuestre de Marco Aurelio.


Clemente II (1046-1047).

   Fue envenenado por orden de Benedicto IX, cuando regresaba de Alemania, donde había trazado el plan de reforma con el apoyo de Enrique III. Su cadáver fue llevado a Bamberg, ciudad de la que había sido obispo antes de ser Papa y en cuya catedral fue enterrado. En el siglo XVII fue abierta su tumba y se comprobó que el Papa debió ser un hombre de gran estatura (alrededor de 1,90 metros) y extraordinariamente rubio. Nuevamente exhumados en 1942, los restos fueron sometidos a análisis cuyos resultados corroboraron la muerte por envenenamiento.

  Afortunadamente, la silla de Pedro superó hace ya siglos etapas turbulentas que ensombrecieron la divina misión de sus titulares, quienes no pocas veces perecieron en el remolino de la violencia.

  Si hay un periodo particularmente tenebroso -que justifica ampliamente la denominación de «edad oscura» aplicada indiscriminadamente a todo el medioevo por la Ilustración- es sin duda el que arranca con la abominación del concilio cadavérico en 897 y culmina con la escandalosa venta del Papado por Benedicto IX, depuesto por los legados del emperador Enrique III en 1048, después de tres periodos de reinado, a cual más escandaloso.


Y aún así, dadas estas fallas abominables de simples hombres que no supieron o no entendieron el peso y la importancia de tan digno oficio como sucesores de San Pedro, Cristo mantuvo su promesa:

"...Et ecce ego vobiscum sum omnibus diebus, usque ad consummationem saeculi"


[Mateo 28, 20]


Destrucción de la Catedral de México


Juan José Baz y Palafox, Jefe de Gobierno de la Ciudad de México
Nunca pudo realizar su sueño más acariciado: demoler la Catedral de la Ciudad de México a cañonazo limpio







Fue cuatro veces gobernador del Distrito Federal, la primera a instancias de Benito Juárez

Semana Santa de 1856, a este jefe de gobierno, casi siempre furioso, le negaron rotundamente la entrada al recinto. Y no era para menos: Juan José quería participar de los oficios del Jueves Santo entrando a la Iglesia Catedral montado en su caballo.


La negativa de los sacerdotes lo sulfuró y al día siguiente, Viernes Santo, regresó con la artillería pesada (cañones), mismos que colocó y dispuso frente al atrio, mandando a la tropa a rodear el sagrado inmueble.

El pueblo reaccionó de inmediato, y en medio del fervor religioso que caracterizan tales fechas, enfureció y se amotinó frente a la Catedral. La situación, tensa y a punto de estallar, llevó a Juan José Baz a replegarse, y así, el extremista ateo se quedó con las ganas de reventar en mil pedazos la Catedral Metropolitana.

Paradojicamente:

Juan José Baz, el fanático y demagógico Jefe de Gobierno de la Ciudad de México promulgó las siguientes órdenes para dar fuerza legal y física al Gran Latrocinio:
  1. El dueño de cualquier imprenta, que clandestinamente imprima algo que tienda a contrariar la ejecución de los decretos del Gobierno, pagará 500 pesos de multa, o sufrirá un año de obras públicas y el cierre de su establecimiento.
  2. Cualquier impresor o cajista, que haga otro tanto, 200 pesos de multa o cuatro meses de obras públicas
  3. Cualquier persona que trabaje en dicho taller, 100 pesos de multa o dos meses de obras públicas
  4. Cualquier persona que intentare circular dichos escritos, los tirare por las calles o fijare en parajes públicos, un año de grillete, sin que le sirva de excusa la ignorancia del contenido de los impresos...etc (Cuevas, op. cit., V, 307)
Era en verdad la Inquisición y la libertad de prensa, pero al revés. ¡Y se llamaban "Liberales"!

"El emperador está en la Iglesia, no sobre la Iglesia".

La emperatriz Justina no se atrevió a apoyar abiertamente a los arrianos mientras vivieron su esposo y Graciano; pero, en cuanto la paz que San Ambrosio negoció entre el emperador Máximo y el hijo de Justina le dieron oportunidad de oponerse al obispo, se olvidó de todo lo que le debía.

Justina convenció a su hijo de que promulgase una ley para autorizar a los arrianos a celebrar reuniones y las prohibiera a los católicos. Dicha ley amenazaba con la pena de muerte a quien tratase de impedir las reuniones de los arrianos. Además se condenaba al destierro a quien se opusiese a que las iglesias fuesen cedidas a los arrianos

San Ambrosio no hizo caso de la ley y se negó a entregar una sola iglesia. Sin embargo, nadie se atrevió a tocarle. "Yo he dicho ya lo que un obispo tenía que decir. Que el emperador proceda ahora como corresponde a un emperador. Nabot se negó a entregar la herencia de sus antepasados. ¿Cómo voy yo a entregar las iglesias de Jesucristo?"

 El Domingo de Ramos, el santo predicó sobre su decisión de no entregarlas.  Entonces, el pueblo, temeroso de la venganza del emperador, se encerró con su pastor en la basílica

El emperador envió al tribuno Dalmacio a conferenciar con el santo. Proponía que Ambrosio y el obispo arriano, Auxencio, eligiesen conjuntamente un grupo de jueces para decidir la cuestión. Si San Ambrosio no aceptaba esa proposición, debía retirarse y dejar la diócesis en manos de Auxencio.

Ambrosio respondió por escrito al emperador, haciéndole notar que los laicos (pues Valentiniano había propuesto que se eligiesen jueces laicos) no tenían derecho a juzgar a los obispos ni a dictar leyes eclesiásticas.  En seguida, el santo subió al púlpito y expuso al pueblo el desarrollo de los acontecimientos en el último año.  En una sola frase resumió espléndidamente el fondo de la disputa: 
 "El emperador está en la Iglesia, no sobre la Iglesia".

Atentado contra el Papa, Insulto público al Papa

Atentado de Anagni

En 1301 estalla de nuevo un conflicto entre Felipe IV de Francia y S.S. Bonifacio VIII; el motivo es una disputa sobre la inmunidad eclesiástica, aunque, muy pronto, olvidada la causa concreta que provoca el enfrentamiento, ambos poderes se lanzan a una lucha sobre la superioridad de cada uno de ellos.


Estalló entre el Papa Bonifacio VIII y Felipe IV una disputa que degeneró en una lucha enconada durante la cual Guillermo de Nogaret (esbirro de Felipe) utilizó todas las armas de la propaganda para desprestigiar al Papa.

Con el apoyo de Guillermo de Plaisians, acusó al Pontifice de diversas faltas, incluyendo la sodomia y la herejía.

En 1303 Nogaret fue enviado por Felipe IV a la residencia papal de verano en Anagni, donde se hallaba S.S. Bonifacio VIII, con orden de llevarlo a Francia (donde Felipe reunió luego un concilio que debía condenar al Pontifice).
Nogaret puso cerco a la ciudad irrumpió en el palacio del Papa y ofendió al Santo Padre, quien a su vez lanzó contra Nogaret y secuaces todas las maldiciones del cielo; para colmo, Sciarra Colonna, un florentino seguidor de Nogaret, abofeteó al Papa sin quitarse previamente el guantelete.

Aunque el Papa fue rescatado y conducido a Roma por los cuidadanos y por una partida de 400 caballeros romanos, no pudo superar la conmoción espiritual y murió un mes más tarde.

Monofisismo [Herejía]

μόνος, monos, uno, y φύσις, physis, naturaleza

Sostiene que en Jesucristo sólo está presente la naturaleza Divina, pero no la humana, en Cristo existen las dos naturalezas, sin separación pero confundidas, de forma que la naturaleza humana se pierde, absorvida en la divina.
Antes de la Encarnación había dos naturalezas en Cristo
En la Encarnación, la naturaleza humana fue absorvida por la naturaleza divina, produciendosa la unión fisica de lo humano y lo Divino en una sola naturaleza (fisis), o sea la Divina, la carne no sería sino mera apariencia

Propuesta por:
Eutiques...   monje griego
hacia el 440 d.C.