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Fanón

Fanón


Se trata de una especie de pequeña capa que utiliza solamente el Papa y que le cubre los hombros
Consiste de dos piezas de seda blanca ornamentada con franjas estrechas de color rojo y dorado


Luego que el diácono ha vestido al Papa con el usual amito, alba, el cingulo y sub-cinctorium, además de la cruz pectoral, abre el fanon y coloca la parte superior de la pieza, hacia la parte de atrás de la cabeza del Papa.
Ahora viste al Papa con la estola, tunicela, dalmática, y casulla, y luego coloca hacia abajo, la parte del fanon que ha sido colocada sobre la cabeza del pontifice, de manera que queda la pieza frontal sobre la tunicela, dalmática y casulla.
Finalmente arregla el fanon de tal forma que cubre los hombros del papa como un collar

El fanon es mencionado en el viejo Ordinal Romano, consecuentemente su uso en el Siglo VIII puede ser probado
ya a principios del Siglo XII, el fanon sólo podía ser utilizado por el Papa

S.S. San Pio X en la consagracion episcopal
de Monseñor Giacomo Giambattista della Chiesa
(futuro Papa Benedicto XV)

S.S. San Pio X celebrando el Santo Sacrificio de la Misa


Algunos Pontifices revistiendo el Fanón

S.S. Pio XI

S.S. Pio X con la Tiara Papal, el fanón y las quirotecas (guantes liturgicos usados por los Obispos)

S.S. Pablo VI

S.S. Juan Pablo II
La única y última vez que un Papa uso el fanón

¿Tolerancia o Libertad Religiosa?

Un día el cardenal Ottaviani y el cardenal Bea llevaron al Concilio Vaticano II dos fascículos que valían su peso en oro.

Estos dos fascículos delimitaron los campos en la Iglesia:
El del Cardenal Bea, liberal,  es de la Revolución francesa y el otro,
el del Cardenal Ottaviani esta firmemente asentado en la Tradición bimilenaria católica.


Exmmo Rvmmo Alfredo Cardenal Ottaviani
(1890-1979)

En su documento el Cardenal Ottaviani habla de la tolerancia religiosa
Es decir, si hay otras religiones en los Estados católicos, se los tolera, pero no se les concede las mismas libertades que a la Iglesia, del mismo modo que se toleran los pecados y los errores, dado que no se puede expurgar todo. En una sociedad hace falta una cierta tolerancia, pero esto no quiere decir que se apruebe el mal.
Su postura permanecia en comunión con todos los Papas hasta el Concilio: En el folleto del Cardenal Ottaviani hay más páginas de referencia que de texto; referencias a los Papas, a los concilios, a toda la doctrina de la Iglesia. La tolerancia religiosa está realmente en la continuidad de la Tradición. La Fe en la Iglesia fue siempre predicar la verdad y tolerar el error, ya que no puede hacer de otro modo, pero esforzándose en ser misionera, reducir el error y atraer a la verdad.


Cardenal Bea
(1881-1968)

En su documento el Cardenal Bea habla de la libertad religiosa
y se basaba completamente en la Revolución francesa y la Declaración de los derechos del hombre
el cardenal Bea no da referencia alguna en su documento. Él no podía remitirse a ningún Papa, dado que su doctrina es nueva y ésta siempre fue condenada por los Sumos Pontífices


Cuando llegó el momento para el cardenal Ottaviani de presentar su documento a la Comisión central preparatoria del Concilio, documento que no hacía más que retomar la doctrina enseñada siempre por la Iglesia católica, el cardenal Bea se irguió diciendo que se oponía.

El cardenal Ruffini, de Sicilia, intervino para detener ese pequeño escándalo de dos cardenales que se enfrentaban así con violencia ante todos los otros. Pidió referir a la autoridad superior, es decir al Papa que ese día no presidía la sesión. Pero el cardenal Bea dijo, no, quiero que se vote para saber quién está conmigo y quién con el cardenal Ottaviani.

Se procedió, pues, a votar. Los setenta cardenales, los obispos y los cuatro superiores de órdenes religiosas que estaban allí se dividieron más o menos por mitades.

Prácticamente todos los cardenales de origen latino: italianos, españoles y sudamericanos, estaban por el cardenal Ottaviani.
El contrario los cardenales norteamericanos, ingleses, alemanes y franceses estaban por el cardenal Bea.

Así se halló una Iglesia dividida sobre un tema fundamental de su doctrina: La realeza de Nuestro Señor Jesucristo.

Era la última sesión, y uno se podía preguntar lo que iba a acontecer con ese Concilio si ya la mitad de los setenta cardenales eran favorables a la tolerancia religiosa del cardenal Ottaviani y la otra mitad favorable a la libertad religiosa del cardenal Bea que se basaba en la Revolución francesa y la Declaración de los derechos del hombre.

Y bien, en el Concilio también hubo lucha, y hay que reconocer que son los liberales los que se impusieron. ¡Qué escándalo! Así llegó esa nueva religión, que desciende más de la Revolución francesa que de la Tradición católica, ese famoso ecumenismo donde todas las religiones están en pie de igualdad. Ahora Ustedes, pueden comprender la situación actual, esta se deriva de los liberales en el Concilio.

Hubo, sin embargo, oposiciones violentas, pero como el Papa tomó parte prácticamente por la libertad, son los liberales que tomaron los puestos en Roma y los ocupan aún.

Me opuse a esto con Mons. Sigaud, Mons. de Castro Mayer y muchos otros miembros del Concilio. Porque no se puede admitir que Nuestro Señor sea destronado.


La Iglesia está fundada sobre el principio que exige la realeza de Nuestro Señor sobre la tierra del mismo modo que en el Cielo. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el Cielo. ¡Sí, que la voluntad del Señor sea hecha por doquier y no solamente en las familias!. Pero ahora que el liberalismo reina en Roma, aquel que nuestros autores de 1926 calificaban como de el peor enemigo de la Iglesia, asistimos a la demolición de la Iglesia.

La Iglesia no afirmó jamás que se tenía el derecho tanto de estar en el error como en la verdad, que había igual derecho de ser budista que católico. Esto no es posible, o la Religión católica no es más la única verdadera. Es una catástrofe fundamental para la Iglesia. Hemos vivido ese combate en el Concilio y lo vivimos todavía.

Episodio de Canossa

El Emperador que quería mandar sobre la Iglesia.

S.S. San Gregorio VII
[157 sucesor de San Pedro]
1073-1085

Enrique IV (1050-1106)
Emperador del Sacro Imperio Romano Germanico

Se disputa el Poder sobre la Iglesia, desafiando al Papa

El Emperador Enrique IV seguía con los intentos de imponer su autoridad sobre la Iglesia, usurpando el lugar del Papa, nombrando Obispos sin la autoridad pontificia, metiendose y dirigiendo los asuntos internos de la Iglesia sin la autoridad de Roma.
Enrique reunio en Worms un sinodo donde negaba el reconocimiento a Gregorio VII como Pontifice y le invitaba a renunciar al Papado.

S.S. Gregorio VII excomulgó al Emperador Enrique IV
Lo que significaba que liberaba a los súbditos del emperador, del juramento de fidelidad prestado, lo declaraba depuesto de su trono imperial hasta que pidiese perdón, y prohibía a cualquiera reconocerlo como monarca.

Enrique IV se vio en una posicion comprometida, pues seria depuesto como emperador y perderia el trono
decide ir al encuentro del papa y obtener de él la absolución.

S.S. Gregorio VII estaba en Canosa, el castillo inexpugnable de la condesa Matilde amiga y protectora del Papado.

Una mañana, (25 de enero de 1077), un viajero llamaba a las puertas de la fortaleza. Parecía un peregrino. Nevaba, hacía mucho frío; pero él tenía los pies descalzos, la larga melena al aire, y una túnica de lana, ceñida de un cordón, le cubría el cuerpo.
Este hombre suplicante, este peregrino vestido con la hopa de los penitentes, era el mismo Enrique IV.


Esperó hasta mediodía, hasta la tarde, hasta que huyó la luz, sin probar bocado, con los pies sobre el hielo. Al día siguiente, igual. Al tercer día, lo mismo; gimiendo, llorando, solicitando su perdón. AI anochecer, iba ya a retirarse, perdida toda esperanza, cuando se le ocurrió entrar en una ermita cercana. Allí estaban orando la condesa Matilde y Hugo, abad del monasterio de Cluny. «Por favor, interceded por mí», les dijo el penitente.
Ellos se conmovieron, hablaron al Papa, y Gregorio VII se doblegó


Fue una debilidad de su corazón.
Mucho le decía su experiencia de que todo aquello no era más que un fingimiento hipócrita; que Enrique lo único que buscaba era salvar su trono, amenazado por la excomunión; que todas sus promesas, según la expresión de un cronista, se desharían como telarañas, en cuanto traspusiese los Alpes.

Y así fue. Se renovaron las excomuniones, los conciliábulos y las hipocresías, y durante mucho tiempo el hijo del cabrero, el santo Gregorio VII, resistió impávido a los ejércitos imperiales.


[México Anticatólico] Valentín Gómez Farías

La Biografia Oficial lo llama:
°prócer de la Reforma
°ilustre mexicano
°"Padre de la Reforma"
°como consecuencia de su ferviente liberalismo, algunos representantes de la Iglesia le negaron el derecho a ser sepultado en campo santo (aqui veremos que con justa razón)
°sentó las bases de la Reforma con principios liberales

Valentín Gómez Farías

Presidente de México
Abril - Mayo 1833
Junio 1833
Julio - Octubre 1833
Diciembre 1833 - Abril 1834
Diciembre 1846 - Marzo 1847
___________________________

Se arroga el derecho de patronato y de elegir obispos, alegando que el Presidente de México era el sucesor legal del Rey de España.

Dio por suprimidos los votos monásticos y los diezmos.
Decretó la completa exclusión del clero en la enseñanza.

El 24 de Octubre de 1833, decreta la supresión de la Universidad de México, que era la más antigua del Nuevo Mundo.

El 7 de Mayo de 1833 dio la ley que secularizaba y confiscaba las misiones de California, fundadas por el Beato Fray Junípero Serra.

Su actuación nos hace pensar en un cerdo que es soltado en un gran jardín y arranca de raíz todas las plantas y flores que encuentra: destrucción desenfrenada de los frutos del trabajo y sudores del hombre. A esta obra se le llama "Reforma".

Las misiones de California fueron arrebatadas a los franciscanos y entregadas a sacerdotes seculares que ni podian siquiera pedir los diezmos, ni recibir ayuda de los fieles.

Se invito a las religiosas a abandonar sus conventos (sólo una acepto la invitación).

Se privó a los seminarios de sus rentas, para hacer imposible la formación de nuevos sacerdotes.

Se prohibieron las peregrinaciones de los indigenas a sus santuarios predilectos.

Los Obispos presentaron una respetuosa y bien razonada protesta contra la intrusión del gobierno en los asuntos internos de la Iglesia; pero la respuesta de Gómez Farías se redujo a decretar la expulsión de los Obispos de Durango, Linares, Chiapas y Michoacán.

Al ser expulsadas las monjas carmelitas de Orizaba, las mujeres de esa ciudad armaron un motín de protesta, contra Gómez Farías, y en defensa de las religiosas. Lo mismo sucedió en otros lugares y por los mismos motivos.

Durante la Invasión Norteamericana (1846-1847)
Sólo siete de los diecinueve estados que entonces formaban a México contribuyeron con dinero y hombres para la defenza de la Patria.
Y Gómez Farías, en lugar de proveer a Santa Ana de dinero y armas, le envió un ejemplar de la ley que acababa de promulgar; Confiscación de las propiedades de la Iglesia 

Manipulo

Manipulo



El sacerdote, (y también el Diácono y el Subdiácono en las misas solemnes), lleva fija sobre el brazo izquierdo una corta franja llamada manípulo.

Tiene su origen en un trozo de lienzo o pañuelo que antiguamente llevaban los cónsules y que agitaban en el aire para señalar el principio o fin de algún acto.
También servía para enjugar el sudor o las lágrimas.

El manípulo, que ha de ser del color litúrgico del día, debe tener en su centro, que viene encima mismo del brazo, una cruz que ha de besar el que lo lleva, tanto antes de ponérselo como después al quitárselo. Ordinariamente también suele ponerse una cruz a cada extremo, aunque no está propiamente mandado.

Espiritualmente nos recuerda las buenas obras y que los trabajos y el dolor ofrecidos a Dios serán espléndidamente recompensados.La oración que el sacerdote pronuncia al ponérselo es: Merezca, Señor, llevar el manípulo del llanto y del dolor, para poder recibir con alegría el premio de mis trabajos. El manípulo significa las ataduras de las manos al ser azotado Nuestro Señor

Ordenación de Diaconos

El manípulo poco a poco se convirtió en un ornamento sacerdotal a partir del siglo X. La significación mística del manípulo se desprende claramente de las palabras de la liturgia: reza el sacerdote: “Puede ser digno, Señor, de llevar el manípulo de las lágrimas y el dolor, para recibir con alegría la recompensa del trabajo”.

El obispo impone el manípulo al subdiácono pronunciando las siguientes palabras: “Recibe el manípulo por el que son designados los frutos de las buenas obras”.
El manípulo, pues, hace referencia a los sufrimientos de esta vida en vista de la recompensa y la alegría eternas. Es también una expresión simbólica de una de las bienaventuranzas proclamadas por Nuestro Señor: “Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados” (Mat. 5, 5).


Siendo el manípulo el símbolo del dolor, es empleado en la Santa misa, que es la renovación del sacrificio del Calvario. No se lo emplea fuera de la Misa, porque ningún dolor es comparable al de Jesucristo sobre al Cruz


Papa usando el Manipulo
S.S. Pio XII

Obispo usando el Manipulo

Proyecto Vaticano

Proyecto de Hitler para secuestrar a S.S. Pio XII
Hitler ordenó destruir el Vaticano y secuestrar a S.S. Pio XII, en venganza por la ayuda que ofreció el Papa a los judíos.

S.S. Pio XII
(259 Sucesor de San Pedro)
[1939-1958]
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Adolf Hitler
Estadista Alemán
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El escritor e historiador Andea Tornielli desvela en su nueva obra "Pio XII, el Papa de los judíos" (antítesis de "el Papa de Hitler") las destructivas intenciones del líder nacionalsocialista, Adolf Hitler, que ordenó a sus subordinados arrasar a sangre y fuego el Vaticano y secuestrar y confinar al Obispo de Roma y jefe de la Iglesia Católica en algún lugar del Principado de Liechtenstein, donde permanecería retenido como rehén del ejército alemán.

Adolfo Hitler ordenaría en 1943 la destrucción del Vaticano y la deportación del Papa Pio XII como represalia por la presunta ayuda del Pontífice a los judíos y por la oposición de la Iglesia al régimen nazi.

El Führer montaría en cólera tras la firma del armisticio entre el Gobierno Italiano de mariscal Badoglio y Los Aliados el 8 de Septiembre de 1943, y ordenó al cuerpo de élite de la SS arrasar a sangre y fuego la Santa Sede.
El plan no llegó a cumplirse gracias a la firme oposición del oficial que iba a dirigirlo: el Gral Karl Friedrich Otto Wolf, entonces comandante de la SS en Italia, quien logró disuadir a Hitler
Karl Friedrich Otto Wolf no
obedeció a Hitler en el plan contra el Papa
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Pío XII no denunció públicamente a Hitler, pues trató de salvar el mayor número posible de vidas humanas. Gracias a su actitud prudente, la Iglesia, los nuncios, el Vaticano, lograron salvar, como ha calculado el historiador judío Pinchas Lapide, a unos 850 mil judíos de la persecución y de la muerte.

Si el Papa Pio XII hubiese condenado públicamente a Hitler, se ganaría las felicitaciones y el reconocimiento del mundo entero, pero en consecuencia los judíos sufrirían una persecución más encarnizada y violenta.

El Papa estaba a punto de publicar un documento muy duro contra los nazis, contra Hitler, contra la persecución de los judíos. Pero le impresionó profundamente lo que sucedió en Holanda. En aquel país, tras la protesta de los obispos, se agravaron las persecuciones contra los judíos. La prueba de la existencia de este documento viene de muchos testimonios, como el de sor Pasqualina Lehnert, sor Konrada Grabmeier, el padre Robert Leiber e incluso el del cardenal francés Eugène Tisserant. Estos testigos revelaron que el Papa había escrito aquel documento y que decidió quemarlo personalmente en la cocina y esperar hasta que no quedara totalmente destruido. La conmoción que le ocasionó el caso holandés fue tan profunda que prefirió quemarlo a provocar ulteriores daños a los judíos.


Teodoro Cardenal Innitzer, Arzobispo de Viena
dando la bienvenida a Hitler en Austria

El caso de Innitzer es muy interesante, pues en ese año este arzobispo, junto a otro prelados austríacos, había acogido con entusiasmo la llegada de Hitler. Pues bien, Eugenio Pacelli (futuro Pio XII) y Pío XI convocaron urgentemente a Innitzer en Roma. Pacelli fue muy frío y obligó a Innitzer a firmar en su presencia una retractación, que fue publicada en «L'Osservatore Romano». Esto demuestra que tanto Pacelli, como el Papa, que en aquel entonces era Pío XI, rechazaron la posición de la Iglesia austríaca.

 
S.S. Pio XII firma carta de renuncia:


 
El 6 de septiembre de 1943, Pío XII llamó en secreto a los cardenales para comunicarles que el Vaticano podría ser invadido, y que él sería llevado al norte y probablemente asesinado. Los cardenales tenían que prepararse para huir a un país neutral de inmediato, en cuanto se produjese la invasión del territorio del Vaticano

También firmó una carta de renuncia, y la puso en su escritorio. Dio instrucciones a los cardenales para formar un gobierno en el exilio y para elegir un nuevo Papa, una vez que estuvieran a salvo.
Existe una carta escrita a mano por el secretario de Estado ordenando a la Guardia Suiza que no resistiesen a las fuerzas invasoras alemanas con la fuerza de las armas, y numerosos documentos que detallan cómo se iban a proteger la Biblioteca Vaticana y el contenido del museo.

Cuando las tropas alemanas estaban a un paso de Roma, el Papa libero del juramento de fidelidad a sus Cardenales y les ordeno abandonar el Vaticano


 
Espías en el Vaticano:


 
El Papa sólo podía enviar a sacerdotes de confianza y confidentes a través de Roma e Italia, con órdenes verbales y por escrito del Papa de abrir los claustros, permitiendo a hombres y mujeres entrar en los conventos y monasterios católicos, y ordenando que todas las instituciones eclesiásticas ocultasen a los judíos donde pudieran.

Según el afamado historiador británico sir Martín Gilbert, el Vaticano ocultó a miles de judíos literalmente en un día. Una vez ocultos, el Vaticano continuó alimentando y manteniendo a sus "huéspedes" judíos hasta la liberación de Roma, el 4 de junio de 1944.
  
Es importante, además, la revelación que el Papa Pacelli hizo a don Pirro Scavizzi, el capellán que recorrió Europa recogiendo noticias sobre los perseguidos. Pío XII le dijo: «Dígales que el Papa sufre con ellos, sufre con los perseguidos, y que si a veces no alza más la voz es sólo para no provocar daños peores».

S.S. Pio XII fue visto por los nazis como un enemigo, especialmente por su incansable trabajo en favor de los perseguidos. Su acción concreta y eficaz a favor de los judíos salvó, directa e indirectamente, a 850.000 de ellos, según testimonio del investigador israelí Pinchas Lápide.
 

Urbi et Orbi


En el centro de la fachada de la Basilica de San Pedro, vemos el balcón central, llamado "Balcón de las bendiciones" porque desde aquí el Papa imparte la bendición Urbi et Orbi (a Roma y al mundo). Esto sucede tras ser elegido Papa, y además en 2 ocasiones cada año: el día de Pascua de Resurrección, y el día de Navidad.

Tras la disolución de los Estados Pontifícios en 1870 hasta los Tratados de Letrán en 1929 los Papas; León XIII, Pio X y Benedicto XV no usaron el balcón después de su elección, al declararse como prisioneros en el Vaticano.


Urbi et Orbi
(a la ciudad y al mundo)

– Sancti Apostoli Petrus et Paulus, de quorum potestate et auctoritate confidimus, ipsi intercedant pro nobis ad Dominum.

– Amen.
– Precibus et meritis beatæ Mariæ semper Virginis, beati Michælis Archangeli, beati Ioannis Baptistæ et sanctorum Apostolorum Petri et Pauli et omnium Sanctorum misereatur vestri omnipotens Deus et dimissis omnibus peccatis vestris, perducat vos Iesus Christus ad vitam æternam.
– Amen.
– Indulgentiam, absolutionem et remissionem omnium peccatorum vestrorum, spatium veræ et fructuosæ penitentiæ, cor semper penitens et emendationem vitæ, gratiam et consolationem Sancti Spiritus et finalem perseverantiam in bonis operibus, tribuat vobis omnipotens et misericors Dominus.
– Amen.
– Et benedictio Dei omnipotentis (Patris et Filii et Spiritus Sancti) descendat super vos et maneat semper.
– Amen.

(taducción)

-Que los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, en cuyo poder y autoridad confiamos, intercedan por nosotros ante el Señor.

-Amén
-Que por a las oraciones y los méritos de santa María, siempre Virgen, de san Miguel Arcángel, de san Juan el Bautista, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, Dios todopoderoso tenga misericordia de vosotros y, perdonados todos vuestros pecados, os conduzca por Jesucristo hasta la vida eterna.
-Amén
-Que el Señor omnipotente y misericordioso os conceda la indulgencia, la absolución y la remisión de todos vuestros pecados, tiempo para una verdadera y provechosa penitencia, el corazón siempre contrito y la enmienda de vida, la gracia y el consuelo del Espíritu Santo y la perseverancia final en las buenas obras.
-Amén
-Y la bendición de Dios omnipotente (Padre, Hijo y Espíritu Santo) descienda sobre vosotros y permanezca para siempre.
-Amén

S.S. Pio XII
Se ven unas como tablas que llegan al filo de la balaustrada del balcón. Los prelados asistentes están subidos a su vez en alguna otra plataforma, en alto pero a diferente nivel.
Al parecer el Santo Padre no padecería de vértigo y además estaría sujeto por alguien o algo porque un mal paso y derechito a la crujía de San Pedro.

otra cardiaca de Su Santidad Pio XII, la barandilla parece más endeble de lo que era en realidad, aquí vemos a un valiente recostado sobre la misma.

S.S. Juan XIII
El piso se ha elevado al nivel de la balaustrada para que la ceremonia fuera vista por los fieles asistentes a la coronación del "Papa bueno" y se ha colocado una escualida barandillaaaaaaaa... que sirve de "quitamiedos" para no impedir la vista del acontecimiento.

S.S. Benedicto XVI
Aún hoy se inventan cosas para que se vea mejor al Papa, pero ya no son tan osados y un estrado lo eleva de forma que se le pueda ver mejor, por lo menos hasta la cintura. Aunque el Papa parece decir: ¡Cuidadín, cuidadín!

Los demonios sueltos por el Mundo

Una mañana, S.S. León XIII había celebrado la Santa Misa y estaba asistiendo a otra de agradecimiento, como le era habitual.
De pronto levanto la cabeza enérgicamente y parecía que observaba algo por encima de la cabeza del sacerdote celebrante. Miraba fijamente, sin parpadear, con un aire de terror y de maravilla, sin palabras. Algo extraño, algo grande le ocurría.


S.S. León XIII
(255 Sucesor de San Pedro)
[1878-1903]

Finalmente, volviendo en sí, con un ligero pero enérgico ademán, se levantó. Se encamino a si despacho privado. Los familiares lo siguieron con premura y ansiedad.
Le dicen en voz baja: "Santo Padre. ¿no se siente bien? ¿Necesita algo?" el sólo responde: "Nada, nada"

Se encierra en su despacho, y al cabo de media hora hace llamar al secretario de la Congregación de Ritos y, ndole un folio, le manda imprimirlo y enviarlo a todos los Obispos diocesanos del mundo.

¿Que contenía el folio?

La oración que se rezaba al final de la Santa Misa junto con el pueblo, con la súplica a María y la encendida invocación al príncipe de las milicias celestiales, implorando a Dios que vuelva a arrojar a Satanás a los infiernos.

Tiempo después el Papa comentaria lo que vio aquella mañana:
"Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que él podía destruir la Iglesia y llevar a todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás le pidió permiso a Dios de tener 100 años para influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo"

Según otra versión:
S.S. León XIII "escuchó a Satanás pedir a Dios Padre más poder y tiempo para afligir y probar la fidelidad de su Iglesia. Y Dios en sus inescrutables designios, se lo concedió. Entonces vió legiones de demonios que salieron del Infierno, y como negras sombras invadieron toda la tierra durante un siglo"

En efecto, de un modo insólito, en 1886 por orden papal, fue expedida a los Obispos diocesanos del mundo y se ordeno rezar esta plegaria al final de todas las misas, de rodillas

                           
Oración a San Miguel Arcángel (escrita por S.S. León XIII)

Sancte Michael Archangele, defende nos in proelio, contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium. Imperet illi Deus, supplices deprecamur: tuque, Princeps militiae coelestis, Satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo, divina virtute, in infernum detrude. Amen.


 
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.


Vere Papa mortuus est!

La comprobación de la muerte del Papa se realiza con los métodos médicos habituales.

S.S. Pio VI en su lecho de muerte

Pero antiguamente:

La comprobación de la muerte del Papa, se hacia; acercando una vela encendida a los labios del Sumo Pontífice. Si la llama se movía, significaba que aún se conservaba un hálito de vida, y esta misma operación se realizaba varias veces hasta que la llama permanecía inmóvil, lo que significaba que el Papa había muerto.

El médico Papal (arquiatra) confirma la defunción del Pontífice, y se lo comunica al prefecto de la casa pontificia, quien anuncia oficialmente la muerte, con una sencilla fórmula: "el Papa ha muerto"

Todos los presentes en la habitación papal se arrodillan y comienzan los primeros responsos, y después, por orden jerárquico, se acercan al cadáver y besan su mano

Se encienden cuatro cirios a los pies de la cama papal y se coloca aceite y agua bendita junto al lecho mortuorio, para los responsos de los prelados visitantes.

 
 
 





El Camarlengo; Eugenio Cardenal Pacelli
comprobando la muerte de S.S. Pio XI
Golpeando al Papa con el martillo
y llamandolo tres veces por su
nombre de pila: Achille, Achille, Achille.
                      


El Camarlengo (quien se encargara del Vaticano hasta la elección del Pontífice Sucesor) ingresa a la habitación del Papa, vestido de violeta, en señal de duelo, acompañado de un destacamento de la Guardia Suiza.

Con un pequeño martillo de plata (en el que esta grabado el escudo de armas pontificio), el Camarlengo golpea suavemente tres veces la cabeza del Papa, al mismo tiempo que lo llama tres veces por su nombre de Pila (no por su nombre papal), para comprobar (por tercera vez) la muerte.

Esto se realiza en presencia del maestro de celebraciones litúrgicas, del secretario y del canciller de la Cámara Apostólica, y este último es el encargado de rellenar el Acta de defunción del Pontífice.


Al cadáver del Papa se le retira el Anillo del Pescador, símbolo del Poder Pontificio, lo que marca que su reinado ha concluido.
Este anillo es inmediatamente destruido junto al sello de plomo del Papa (Bula) ante los Cardenales reunidos, para de esa manera evitar que puedan falsificarse documentos papales.


La Puerta de Bronce del Palacio Apostólico se cierra por la mitad y la campana de San Marcos comunica la muerte al mundo, doblando a muerto.

El cuerpo del difunto Pontífice era expuesto en tres ocasiones

Para los honores y despedida de sus familiares (domésticos o sirvientes): En los Apartamentos privados vestido en habito coral (sotana blanca, roquete, muceta roja y camauro)

S.S. Pio XII en habito coral.
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Para los honores y despedida de la Corte Pontificia: En los Apartamentos Papales revestido de Pontifical (sotana, alba, tunicela, dalmática, casulla, fanon, manipulo, estola, mitra...)

S.S. Benedicto XV de pontifical
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Para los honores y despedida de todos los fieles: En la Capilla del Santísimo Sacramento en la Basilica de San Pedro, (desde S.S. Pio XII, la salma del Papa se exponía frente al altar de la Confesión)

S.S. Benedicto XV en la Capilla del Santísimo Sacramento


S.S. Juan XXIII frente al Altar de la Confesión
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Cuando el Papa muere:

La diócesis de Roma se queda sin cabeza y, en consecuencia, toda la Iglesia Católica
  • Automaticamente todos los altos cargos de la Curia Romana quedan vacantes, empezando por el Secretario de Estado, la Iglesia queda totalmente sin gobierno.
 Los únicos que mantienen su cargo, son: el Cardenal Camarlengo, el Cardenal Vicario de la Diócesis de Roma y el Decano del Colegio Cardenalicio

  • El Poder temporal del Vaticano reside en todos y cada uno de los Cardenales, ninguno por encima de otro y ninguno con Autonomía sobre los demás
  • Todos los proyectos y planes de gobierno mueren con el Papa o quedan inmediatamente suspendidos, así que nadie puede tomar decisiones que afecten a la Iglesia, salvo en casos de Extrema Urgencia
  • Todos los Cardenales se convierten en "Papas potenciales", por lo cual y se les rinden honores de soberano, además de que son escoltados personalmente por los Guardias SuizosEl Cardenal Camarlengo comunica la noticia de la muerte del Papa al Cardenal Vicario para la Urbe -para que lo notifique al Pueblo de Roma- y al Cardenal Arcipreste de la Basilica Vaticana


Así como al Cardenal Decano del Colegio Cardenalicio quien notifica al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede y él mismo sera el responsable de hacer llegar la noticia a todos los Cardenales del mundo, convocandolos a Roma, para la elección del próximo Sucesor de San Pedro.

Quo vadis, Domine?



San Pedro se encontraba en Roma, donde el Emperador Nerón había desatado una persecución contra los Cristianos

Los Cristianos instaban al Apóstol Pedro a que abandonara la Ciudad Eterna

-Salva tu vida, ¡oh, pastor venerable!... ¡Consérvanos la verdad viva que te ha sido confiada, y que perecería contigo!... ¡Atiéndenos como un padre a sus hijos!... ¡En nombre de Cristo, óyenos!

[...]

Y el Pescador, en el colmo del abatimiento, exclamaba:

Señor, dime lo que debo hacer. ¿Cómo yo, viejo inútil, he de seguir luchando contra el genio del mal, que tu permites que gobierne y triunfe? Las ovejas que pusiste bajo mi cayado han muerto; tu Iglesia se hunde; la cátedra de la Verdad esta muda y enlutada ¿Qué puedo yo hacer Señor? ¿He de continuar, o he de recoger los restos de tu rebaño y huir con ellos para poder glorificar tu Nombre más allá de los mares?

Y continuaba su indecisión; sabía muy bien que la Verdad no podía morir y que siempre habría que prevalecer; pero pensaba que la hora del triunfo estaba muy lejana, que la Victoria no llegaría hasta que Cristo volviese a la tierra, con majestad cien veces superior a la de Nerón


Formaba mil proyectos de abandonar Roma, acompañado de todos sus fieles, marchando con ellos lejos, muy lejos, a los frondosos bosques de Galilea y a las orillas del transparente mar de Tiberiades; pero al querer decidirse y salir de la ciudad, una profunda angustia se apoderaba de su corazón

¿Cómo dejar aquella tierra fecundada con la sangre de tantos mártires? ¿Cómo desamparar los lugares donde tantos labios moribundos habían dado testimonio de la Verdad? ¿Qué respuesta daría al Señor cuando El le dijese; "Aquellos murieron por la Fe, y tú huiste del peligro"?


Él, no obstante, había trabajado como bueno en los treinta años transcurridos desde la muerte del Salvador;

había luchado sin tregua y recorrido el mundo predicando la doctrina salvadora; sus fuerzas se habían agotado en largas peregrinaciones

Enfrente de él estaban el Emperador, el Senado, el pueblo, las legiones; y él se encontraba solo, encorvado bajo el peso de los años y de los dolores, falto de fuerza y casi incapaz para sostener con manos trémulas el báculo del peregrino

Todas estas ideas batallaban en su mente mientras escuchaba las súplicas de aquel último puñado de fieles, que le decían: -¡Huye, Maestro! Tú eres la piedra sobre la cual esta fundada la Iglesia de Dios, déjanos morir, pero no consientas que el Anticristo triunfe sobre el Vicario de Dios, y no vuelvas hasta que el Señor haya aniquilado a quien ha vertido tanta sangre inocente.
 
Al día siguiente, a la primera hora de la mañana, dos misteriosos personajes, envueltos en mantos obscuros, marchaban por la Vía Appia en dirección a la campiña. Uno de ellos era Nazario; el otro, Pedro, que huía, por fin, de Roma, dejando a los cristianos amenazados de graves peligros

[...]

La quietud era absoluta; ningún ser viviente aparecía por ninguna parte, y, los madrugadores hortelanos no se preparaban todavía para llevar sus hortalizas a la ciudad; sólo se oían las pisadas de los dos viajeros sobre las piedras del camino.

Cuando salió el sol, una visión maravillosa deslumbró los ojos del Apóstol el cual creyó ver que el astro, en lugar de ascender por el firmamento, bajaba al llano, dirigiéndose hacia el camino por donde avanzaban los dos peregrinos. Pedro se detuvo y preguntó:

-¿Ves esa luz que viene hacia nosotros?
-Yo no veo nada -respondió Nazario.

Pedro, haciéndose sombra en los ojos con la mano, continuaba mirando adelante.

-Si, si; alguien se acerca a nosotros envuelto en los rayos del sol -dijo.

Pero no se oía el rumor más leve; el silencio era universal en todo el contorno. Sin embargo, Nazario observó que las ramas de los árboles se movían como si una mano invisible las agitase, y que la luz era cada vez más intensa en toda la campiña; se volvió hacía el Apóstol, y lleno de asombro, le preguntó:

-¿Que tienes, maestro?

El anciano había dejado caer el báculo, sus ojos miraban hacia delante con extraña fijeza; tenía la boca entreabierta, y su rostro, donde se pintaba la sorpresa y la alegría, parecía transfigurado como en éxtasis celestial. Por fin cayó de rodillas y levantó los brazos, exclamando:

-¡Cristo! ¡Cristo!

Y tocando, con sus labios en el suelo, parecía besar los pies a alguien, permaneciendo inmóvil por largo rato, hasta que con voz entrecortada por los sollozos balbuceó:

-Quo vadis, Domine? (¿Adónde vas, Señor?)

A los oídos de Nazario no llegó respuesta alguna; pero el Apóstol oyó con toda claridad una voz dulce y doliente, que decía:

-Puesto que tú abandonas a mi pueblo, voy a Roma para ser de nuevo crucificado.


Pedro guardó silencio, y continuó postrado en tierra. Nazario le creyó desvanecido o muerto; pero al cabo se levantó, y tomando el báculo en sus manos temblorosas, sin decir palabra, volvió a encaminarse a la ciudad de las siete colinas. Entonces el muchacho repitió como un eco:

-¿Adónde vas, Señor?
-A Roma -contestó con dulce voz el Apóstol.

Y marcharon los dos de regreso a Roma.



Cerca de la antigua Puerta Capena se conserva todavía una capilla, en cuyos muros se lee esta inscripción, destruida casi, por el paso demoledor de los siglos:

Quo vadis, Domine?





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Tomado de la Novela Histórica
Quo vadis?
de Henryk Sienkiewicz